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Por César Minué.

Casi todos los artículos científicos que abordan cualquier aspecto del tabaco suelen comenzar igual: “el tabaco es la principal causa de morbilidad y mortalidad (es decir, de enfermedad y muerte) evitables”.

En todo el mundo, en 2014 se fumaron 5.8 billones de cigarrillos. En España, la prevalencia de fumadores está un poco por encima de la media europea, de acuerdo con la última Encuesta Nacional de Salud fuma diariamente el 24 % de la población, el 27.9% de los hombres y el 20.2% de las mujeres. Entre los grupos más jóvenes no hay prácticamente diferencia por género. Entre 1993 y 2012 el porcentaje de población que consume tabaco a diario ha mostrado un descenso continuado, sobre todo por parte de los hombres. A partir de 2003 también ha disminuido el consumo en mujeres, aunque de manera menos acusada. Por encima de los 85 años sólo fuma un 4,4%, lo que desmonta el clásico mito de “mi abuelo fue fumador hasta los 90 años”, sobreviven los que no han fumado o lo han dejado. Los resultados son similares a los que proporciona la Encuesta de Salud Europea en España de 2014. Un tercio de los fumadores consume más de un paquete diario, y otro tercio ha intentado dejar de fumar al menos una vez en el último año. El tabaco es además reflejo de las desigualdades sociales, los trabajadores manuales y con menor formación fuman en mucha mayor proporción que los profesionales de mayor nivel socioeconómico. En el caso de las mujeres, en España, no hay esa diferencia, las que inicialmente se incorporaron al consumo de tabaco eran las más favorecidas, atraídas por la imagen de glamour y sofisticación que transmitía la publicidad; también son las primeras en haber iniciado el abandono. La disminución de la desigualdad de género en España en los últimos 50 años (de un 0.65 a un 0.09 en una escala de 0 a1) se acompañó de un incremento notable de la proporción de mujeres fumadoras, como demuestran Bilal et al en un estudio del Tobacco Control.

En otros países, en los que se pusieron en marcha medidas de Salud Pública frente al tabaco antes que en nuestro país, la proporción de fumadores es bastante inferior, como en Australia donde fuman el 15.1% de los varones y el 11.6% de las mujeres, o en Estados Unidos, con el 17.2 y el 14.2%, respectivamente. Sin embargo, los países en vías de desarrollo son el principal lugar de negocio para las compañías tabaqueras, así en China fuman el 45.3% de los hombres.

El tabaco es responsable de casi 52.000 muertes anuales en España. La gran mayoría de estas muertes fueron en hombres, aunque, desde el año 2000, el número desciende en varones y aumenta en mujeres. La mitad de los fallecimientos fueron por cáncer. En Europa se calcula que fallecen 700.000 personas al año por el consumo de tabaco. A menudo leemos u oímos estas cifras de manera casi aséptica, como datos casi inevitables, las cosas son así. Sin embargo, hablábamos al comienzo de mortalidad evitable. Es algo así como si cada día del año se estrellase un avión con 150 personas a bordo, pensaríamos que algo falla y buscaríamos cómo evitarlo, se tomarían medidas, no podríamos tolerarlo; sin embargo en el caso del tabaco esas muertes las damos por descontadas.

La mortalidad entre los fumadores es tres veces la de los que nunca han fumado; el 50% es prematura. Para hacernos una idea aún más clara de la carga de sufrimiento y muerte producidos por el tabaco: en el siglo XX murieron 100 millones de personas por esta causa, muchas más que las de la 1ª y 2ª Guerra Mundial juntas.

Fumar se relaciona con numerosas enfermedades. Las más conocidas, distintos tipo de cáncer, como el de pulmón, el de laringe, los de la boca, y los del aparato urinario. Sin embargo, según los últimos estudios, cada vez se empieza a relacionar el consumo de tabaco con más tipos de tumores, como el de páncreas, el de colon y recto y algunos tipos de leucemias. Otra enfermedad, muy limitante, estrechamente ligada al tabaco, es la EPOC, que son las siglas de enfermedad pulmonar obstructiva crónica, que produce tos y dificultad respiratoria, y que sería una entidad rara si no se fumara. Uno de cada dos fumadores muere por una enfermedad relacionada con el tabaco, considerando las enfermedades clásicamente asociadas con su consumo. Sin embargo, aún quedaría por explicar un exceso de riesgo de los fumadores con respecto a los no fumadores, que probablemente se deba a enfermedades cuya relación con el tabaco está menos establecida o es menos conocida. Así, una investigación australiana considera que dos tercios de las muertes en fumadores son debidas al tabaco. No es extraña esta carga de riesgo cuando el humo del tabaco contiene más de 7000 compuestos, cientos de los cuales son tóxicos, y al menos 69 cancerígenos.

Todos los 31 de mayo se conmemora el Día Mundial sin Tabaco. Este año 2018 está dedicado a tabaco y riesgo cardiovascular. El grupo de enfermedades cardiovasculares está íntimamente relacionado con el consumo de tabaco, a cualquier edad y tanto en hombres como en mujeres, aunque en estas y en jóvenes tiene una especial relevancia. A menudo nos preocupamos por los niveles de colesterol o por otros problemas de salud más presentes en los medios y la publicidad, y dejamos de lado factores de riesgo más potentes como el tabaco. Entre esas enfermedades vasculares también podemos señalar la disfunción eréctil. No es raro ver, incluso entre los propios profesionales sanitarios, atender escrupulosamente la hipertensión, la diabetes o el colesterol y olvidar el tabaco.

Además las últimas investigaciones relacionan el consumo de tabaco con enfermedades que antes no se sospechaba que tuvieran nada que ver, como la diabetes, la artritis reumatoide, las fracturas o problemas de visión.

En un estudio clásico, Doll y Peto siguieron una cohorte de médicos ingleses a lo largo de 50 años desde los años 50 del siglo pasado. Periódicamente se les hacían encuestas sobre distintos aspectos y se monitorizaron las causas de muerte. De media, fumar acorta la vida en unos 10 años. Sin embargo, también hay buenas noticias. Dejar de fumar en la treintena permite tener una supervivencia similar a la de los no fumadores. Hacerlo más adelante, aunque no sea igual, es siempre beneficioso, a cualquier edad. Estos resultados han sido posteriormente replicados en otros estudios de otras cohortes.

Quien esté leyendo puede pensar que todos estos efectos dependerán lógicamente de la cantidad que se fume. Según algunos estudios, hay muchos fumadores que piensan que la cantidad perjudicial de tabaco comienza por encima de la del consumo propio. Sin embargo, no parece que sea así. Aunque hay una relación dosis-respuesta entre el número de cigarrillos y sus efectos sobre la salud, esta relación no es lineal. No hay cantidad segura de consumo de tabaco. Un estudio de seguimiento de casi 300.000 personas reveló que fumar habitualmente menos de un cigarrillo diario aumentaba la mortalidad por cualquier causa un 64% y el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón hasta un 900%. Muy recientemente, la prensa general se ha hecho eco de otro trabajo publicado en el British Medical Journal en el que se demuestra que fumar un único cigarrillo diario aumenta el riesgo de enfermedad coronaria un 50%, mientras que fumar 20 veces más lo aumenta hasta el 100%. También fumar pipa o puros aumenta la mortalidad, y fumar cigarrillos ocasionalmente, según otra investigación americana recién publicada. Este es uno de los motivos por los que, en el caso del tabaco, las estrategias de reducción de riesgo, promocionadas a menudo por la propia industria tabaquera (cigarrillos ‘light’, cigarrillo electrónico u otros dispositivos como el iqos) parecen tener poco sentido, especialmente a escala poblacional.

La gran mayoría de los fumadores que han conseguido dejar de fumar lo han hecho por su cuenta, a pesar de que sabemos que la ayuda de un profesional sanitario multiplica las posibilidades de dejar de fumar. Hay intervenciones, programas que ayudan a los fumadores a dejar el tabaco y que se ha demostrado que sirven. Anímate a dejarlo, es posible.

2018-03-09T18:02:38+00:00